El espejo

Todos hemos comprobado alguna vez la riqueza, la complejidad, de nuestra personalidad. Quiero decir que, de hecho, todos hemos obrado alguna vez de una manera que no correspondía a nuestra línea general de actuación. Y fue más tarde cuando nos dimos cuenta de que la reacción aquella, aquellas palabras o aquel gesto fueron una gran sorpresa para los demás, que no esperaban “eso” de nosotros; sencillamente porque, de algún modo, no nos pertenecía. Es como Seguir leyendo …

Missy

Me llamo Gustavo. Tengo una gatita blanca, mediana, de ojos azules. Duerme en mi cama, y a veces noto que me observa con su mirada que, distinta de otros gatos, no es indiferente sino dulce, y a la vez, inquisitiva. Así estaba esa noche, como otras, mirándole a sus ojitos azules, aunque dicen que eso no es muy bueno y, casi sin acomodarme, me dormí.   * * * Gus, ¡eh, Gus!… ¡Mrrrau!… No hay Seguir leyendo …

Un viejo sueño

Los gritos desgarradores seguían sonando en mi cabeza, y en mi retina, continuaban grabadas las caras de los ancianos que atónitos los escuchaban. Una desazón colectiva se apoderó de la multitud que sumisa esperaba…, en el último anillo del infierno. Siempre pensé que Dante en su descriptiva del infierno había olvidado mencionar uno: La Caja de Pensiones de la República del Yaugurú, al oriente de Gastiar. Claro, el poeta, a pesar de su sabiduría y Seguir leyendo …

Siddhapura, la isla blanca

Tíbet, en una pequeña aldea situada en la ladera de una montaña de la cordillera de los Himalayas, la montaña Khang-Tise, morada del dios Siva y su esposa Parvati. Una noche en la que el cielo estaba enfuruñado, con vientos cargados de aguanieve, se oyó el chillido de un niño que acababa de nacer. La comadrona lo limpiaba mientras cantaba una tradicional canción del lugar, al tiempo que el padre, un dokpa, un pastor llamado Seguir leyendo …

El indulto (Reinando Isabel II)

Hace años, durante mi última visita a Italia, tuve la suerte de alojarme en la villa de Beatriz H. Ristori, una venerable y simpática anciana. Desde el jardín, algo descuidado pero con un poderoso atractivo a la hora del crepúsculo, se dominaba por completo ese milagro de la naturaleza que es la bahía de Nápoles. En él dejaba pasar mis tardes, en compañía de un buen libro, hasta que la luz no me permitía ya Seguir leyendo …

El sillón de la abuela

Permanecía entre las sombras que habían entrado por la ventana. De su respaldo caía el leve encaje de crochet que la abuela algún día hizo. Si cierro los ojos, puedo ver claramente la fina aguja y el ovillo de hilo interminable que rueda por el cestito de paja. Las manos delicadas vuelan y el trabajo crece, crece sobre el halda oscura A través de la ventana, ella podía ver el jardín de todos los colores, Seguir leyendo …

Hannia

Érase una vez un tiempo de leyenda, un tiempo oscuro donde los hombres vagaban por desolados pantanos entre húmedos bosques, por inmensos y fríos pedregales, tierras que acababan de ser abandonadas por los hielos, los cuales se retiraban cada vez más al norte. Un sol tímido empezaba a entibiar el brumoso y gris paisaje surcado por numerosas corrientes de agua. Al reflejo de la luz, semejaban miríadas de hilos de plata que, arrastrando lodo y Seguir leyendo …

El mejor golpe al racismo

«No son los hechos los que nos perturban, sino lo que pensamos de ellos» Epícteto Columbia, Carolina del Sur, 18 de julio del 2015 Camino presuroso. Los cuarenta grados de calor no afectan mi determinación. Mi nombre es Darnell Johnson. Tengo treinta y seis años y soy un afroamericano que ha vivido intensamente. Hoy es un día especial para mí. Me uno a mis hermanos a defender un acto justo: el retiro, dictado por ley Seguir leyendo …

Alesia

Así empezará a escribirse de nuevo el libro que, hundido en el polvo, esperará siempre ver la luz a través de los ojos de la esperanza. Pramius Sérival ¡Vaya día que habían escogido para casarse! Desde que salieron de Dijon, esa mañana, no había dejado de llover. Ahora ya era de noche y la carretera apenas se veía más allá de cuatro o cinco metros por delante del coche. ¿Cuánto faltaría para llegar a Semur? Seguir leyendo …

Voz de silencio

Palmira, la vieja, se encorvó lentamente hacia la derecha, y pasó la mano oscura, trémula y rugosa, de uñas estriadas, por el lomo peludo del gato. Hubo un breve ronroneo de placer o, a lo mejor, de simple gratitud odiosa, y ella sonrió ligeramente. Era un ser al que con seguridad la edad había tornado lento y también indiferente, era posible, al mundo que lo rodeaba, con excepción quizás de algunas cosas, muy pocas y Seguir leyendo …