Constelaciones

No hay cielo como tu cielo ni estrellas como estas estrellas. Pero, ¿quién lo nota? Ya casi nadie levanta la mirada al firmamento. Es como si, de pronto, nos hubiésemos vuelto tullidos, corcovados, incapaces de ver más allá de nuestros propios ombligos o el cercano espacio donde pondremos un pie detrás del otro para avanzar paso a paso o, tal vez, a la carrera. Sí. Hoy vamos muy deprisa, aunque sin saber a dónde. Un Seguir leyendo …

Memoria de Beatriz

Era otro tiempo, entonces. Queda el recuerdo, vivido, del hombre en el caballo, bajando del caballo, nos queda aquella estampa, el hombre en el caballo, el sendero, la tarde. Quedan después más cosas, pero de qué manera comprender la verdad, que nada importa más que lo primero. El hombre en el caballo. Que de ahí nace todo. O bien fue antes. No nos queda Beatriz. Ella, tan sola, tan sola se ha quedado que ni Seguir leyendo …

Omir Si Infi (El que nunca ríe)

I “Que los dioses te sean propicios, Omir”. El saludo cogió desprevenido a Omir que estaba sentado en posición de meditación, de espaldas a la puerta. Como todos los días se había despertado mucho antes de la primera oración de la mañana y aprovechaba aquellos momentos previos a la actividad cotidiana para saludar a las estrellas que podía ver desde su ventana. Había notado algo extraño en el rumor de pasos que se acercaban a Seguir leyendo …

Bajo el viejo roble

¿Alborea? ¿Cae el sol? ¿Hace buen día? ¿Luce el sol? Son las mismas preguntas que me hago cada día. He perdido la relación del tiempo, y lo peor, el interés por el mismo. Solo sé que es de noche o que es día. Noche porque hay luz artificial en la pobre bombilla de nuestra habitación compartida con otros tres ancianos. Día porque hay movimiento en la Residencia y cada cierto tiempo alguien se acerca a Seguir leyendo …

El espejo

Todos hemos comprobado alguna vez la riqueza, la complejidad, de nuestra personalidad. Quiero decir que, de hecho, todos hemos obrado alguna vez de una manera que no correspondía a nuestra línea general de actuación. Y fue más tarde cuando nos dimos cuenta de que la reacción aquella, aquellas palabras o aquel gesto fueron una gran sorpresa para los demás, que no esperaban “eso” de nosotros; sencillamente porque, de algún modo, no nos pertenecía. Es como Seguir leyendo …

Missy

Me llamo Gustavo. Tengo una gatita blanca, mediana, de ojos azules. Duerme en mi cama, y a veces noto que me observa con su mirada que, distinta de otros gatos, no es indiferente sino dulce, y a la vez, inquisitiva. Así estaba esa noche, como otras, mirándole a sus ojitos azules, aunque dicen que eso no es muy bueno y, casi sin acomodarme, me dormí.   * * * Gus, ¡eh, Gus!… ¡Mrrrau!… No hay Seguir leyendo …

Un viejo sueño

Los gritos desgarradores seguían sonando en mi cabeza, y en mi retina, continuaban grabadas las caras de los ancianos que atónitos los escuchaban. Una desazón colectiva se apoderó de la multitud que sumisa esperaba…, en el último anillo del infierno. Siempre pensé que Dante en su descriptiva del infierno había olvidado mencionar uno: La Caja de Pensiones de la República del Yaugurú, al oriente de Gastiar. Claro, el poeta, a pesar de su sabiduría y Seguir leyendo …

Siddhapura, la isla blanca

Tíbet, en una pequeña aldea situada en la ladera de una montaña de la cordillera de los Himalayas, la montaña Khang-Tise, morada del dios Siva y su esposa Parvati. Una noche en la que el cielo estaba enfuruñado, con vientos cargados de aguanieve, se oyó el chillido de un niño que acababa de nacer. La comadrona lo limpiaba mientras cantaba una tradicional canción del lugar, al tiempo que el padre, un dokpa, un pastor llamado Seguir leyendo …

El indulto (Reinando Isabel II)

Hace años, durante mi última visita a Italia, tuve la suerte de alojarme en la villa de Beatriz H. Ristori, una venerable y simpática anciana. Desde el jardín, algo descuidado pero con un poderoso atractivo a la hora del crepúsculo, se dominaba por completo ese milagro de la naturaleza que es la bahía de Nápoles. En él dejaba pasar mis tardes, en compañía de un buen libro, hasta que la luz no me permitía ya Seguir leyendo …

El sillón de la abuela

Permanecía entre las sombras que habían entrado por la ventana. De su respaldo caía el leve encaje de crochet que la abuela algún día hizo. Si cierro los ojos, puedo ver claramente la fina aguja y el ovillo de hilo interminable que rueda por el cestito de paja. Las manos delicadas vuelan y el trabajo crece, crece sobre el halda oscura A través de la ventana, ella podía ver el jardín de todos los colores, Seguir leyendo …