El reflejo

Iba andando por el interior del museo sin apenas mirar los cuadros, absorta en mis preocupaciones, cuando al pasar por delante de uno de ellos oí una voz. Sorprendida, movida como por un resorte, giré la cabeza y me encontré con un cuadro del rostro de una mujer. La sorpresa se convirtió en asombro cuando la escuché decir: Me han encerrado en un marco rectangular y me han atado a una pared. A mí, que Seguir leyendo …

Ser una linaria amarilla

La tierra te devuelve a mí. Si tú no hubieras muerto ni las aguas sin venas ni las frutas con piel ni los volcanes, en su frescor, sabor y fuego, me darían tu presencia. Me sería indiferente este globo erizado que expulsa de su entraña las vida y los árboles para que lo rodeen de color y ternura. La tierra sabe bien que el sol y las estrellas son miradas de seres que no existen. Seguir leyendo …

Constelaciones

No hay cielo como tu cielo ni estrellas como estas estrellas. Pero, ¿quién lo nota? Ya casi nadie levanta la mirada al firmamento. Es como si, de pronto, nos hubiésemos vuelto tullidos, corcovados, incapaces de ver más allá de nuestros propios ombligos o el cercano espacio donde pondremos un pie detrás del otro para avanzar paso a paso o, tal vez, a la carrera. Sí. Hoy vamos muy deprisa, aunque sin saber a dónde. Un Seguir leyendo …

Memoria de Beatriz

Era otro tiempo, entonces. Queda el recuerdo, vivido, del hombre en el caballo, bajando del caballo, nos queda aquella estampa, el hombre en el caballo, el sendero, la tarde. Quedan después más cosas, pero de qué manera comprender la verdad, que nada importa más que lo primero. El hombre en el caballo. Que de ahí nace todo. O bien fue antes. No nos queda Beatriz. Ella, tan sola, tan sola se ha quedado que ni Seguir leyendo …

Omir Si Infi (El que nunca ríe)

I “Que los dioses te sean propicios, Omir”. El saludo cogió desprevenido a Omir que estaba sentado en posición de meditación, de espaldas a la puerta. Como todos los días se había despertado mucho antes de la primera oración de la mañana y aprovechaba aquellos momentos previos a la actividad cotidiana para saludar a las estrellas que podía ver desde su ventana. Había notado algo extraño en el rumor de pasos que se acercaban a Seguir leyendo …

Bajo el viejo roble

¿Alborea? ¿Cae el sol? ¿Hace buen día? ¿Luce el sol? Son las mismas preguntas que me hago cada día. He perdido la relación del tiempo, y lo peor, el interés por el mismo. Solo sé que es de noche o que es día. Noche porque hay luz artificial en la pobre bombilla de nuestra habitación compartida con otros tres ancianos. Día porque hay movimiento en la Residencia y cada cierto tiempo alguien se acerca a Seguir leyendo …

El espejo

Todos hemos comprobado alguna vez la riqueza, la complejidad, de nuestra personalidad. Quiero decir que, de hecho, todos hemos obrado alguna vez de una manera que no correspondía a nuestra línea general de actuación. Y fue más tarde cuando nos dimos cuenta de que la reacción aquella, aquellas palabras o aquel gesto fueron una gran sorpresa para los demás, que no esperaban “eso” de nosotros; sencillamente porque, de algún modo, no nos pertenecía. Es como Seguir leyendo …

Missy

Me llamo Gustavo. Tengo una gatita blanca, mediana, de ojos azules. Duerme en mi cama, y a veces noto que me observa con su mirada que, distinta de otros gatos, no es indiferente sino dulce, y a la vez, inquisitiva. Así estaba esa noche, como otras, mirándole a sus ojitos azules, aunque dicen que eso no es muy bueno y, casi sin acomodarme, me dormí.   * * * Gus, ¡eh, Gus!… ¡Mrrrau!… No hay Seguir leyendo …

Un viejo sueño

Los gritos desgarradores seguían sonando en mi cabeza, y en mi retina, continuaban grabadas las caras de los ancianos que atónitos los escuchaban. Una desazón colectiva se apoderó de la multitud que sumisa esperaba…, en el último anillo del infierno. Siempre pensé que Dante en su descriptiva del infierno había olvidado mencionar uno: La Caja de Pensiones de la República del Yaugurú, al oriente de Gastiar. Claro, el poeta, a pesar de su sabiduría y Seguir leyendo …

Siddhapura, la isla blanca

Tíbet, en una pequeña aldea situada en la ladera de una montaña de la cordillera de los Himalayas, la montaña Khang-Tise, morada del dios Siva y su esposa Parvati. Una noche en la que el cielo estaba enfuruñado, con vientos cargados de aguanieve, se oyó el chillido de un niño que acababa de nacer. La comadrona lo limpiaba mientras cantaba una tradicional canción del lugar, al tiempo que el padre, un dokpa, un pastor llamado Seguir leyendo …