La dosis de miedo diaria

Aquella tarde, cuando el Sol amenazaba ocultarse frívolamente detrás del horizonte y dejar a la ciudad bajo el velo de oscuridad, la campanilla sonó en la Casa de Préstamos Emocionales. No era común que los clientes llegasen a esa hora, mucho menos siendo un miércoles, día de labor hasta tarde. Por ello, fue mucho más sorprendente descubrir que quien había alertado su llegada con la campanilla de la puerta era un hombre de unos 30 Seguir leyendo …